8 de abril de 2008
Estudio realizado con 310 escolares concluyó que los adolescentes deberían dormir, a lo menos, una hora más al día, para lo cual tendría que retrasarse el horario de inicio de clases en las mañanas.
Sebastián Urbina

La batalla que a diario libran los padres para lograr que sus hijos adolescentes despierten temprano para ir a la escuela no se debe a la holgazanería, apatía o desinterés de los menores. Un estudio australiano que aparece en la edición de marzo del Journal of Adolescence confirma que el reloj biológico de los jóvenes está programado para que ellos duerman, al menos, una hora más al día.
Para los doctores Suzanne Warner, Greg Murray y Denny Meyer -investigadores de la Swinburne University of Technology de Australia-, tras estudiar a 310 escolares de secundaria, quedó claro que la deuda de sueño que ellos van acumulando por dormir menos termina afectando su rendimiento escolar.
"La evidencia obtenida demostró que producto del temprano ingreso a clases en la mañana, los jóvenes acumulan sueño durante la semana, debido a que no duermen lo suficiente para sus necesidades. Por esta razón, los adolescentes refieren desánimo y mal funcionamiento durante el día", explican los autores.
SISTEMA DE AUTORREPORTES
Durante el trabajo, los científicos controlaron con autorreportes de los estudiantes su calidad de sueño, su estado de ánimo y su funcionamiento diario. Además, registraron las calificaciones, si preferían acostarse temprano o tarde y si madrugaban o dormían hasta tarde.
Así se concluyó que, según los jóvenes, ellos necesitan en promedio ocho horas y 45 minutos de sueño cuando van al colegio, pero en vacaciones duermen en promedio nueve horas y 12 minutos, lo cual representa la cantidad ideal de horas de sueño.
"La tendencia de muchos jóvenes de acostarse tarde y levantarse tarde ha sido calificada por años como flojera. El resultado de este trabajo respalda la creciente evidencia de que el ciclo sueño-vigilia de los adolescentes es distinto al de los adultos", dijo el doctor Russell Foster, de la U. de Oxford al diario The Telegraph. "Esta información debería influir en la forma que se estructuran los horarios de las escuelas", agrega.
PROBLEMAS DE APRENDIZAJE
Para el doctor Ennio Vivaldi, director del Laboratorio de Sueño de la Facultad de Medicina de la U. de Chile ya está bien establecido que los adolescentes requieren más sueño, que se duermen y se levantan más tarde. "Lo más importante es que la falta de sueño atenta contra el conocimiento, ya que el sueño consolida lo que se aprende", añade el doctor Vivaldi.
Según la coautora del estudio, la doctora Warner, los jóvenes están programados para dormirse más tarde debido a la hormona melatonina, que induce al cuerpo a dormir y que en la pubertad se secreta a horas más tardías del día. Por esto se encuentran lúcidos de noche y suelen usar computadores y otras tecnologías al acercarse la medianoche. Esto contraría la creencia de que son las tecnologías las que los llevan a trasnochar.
Según el doctor Vivaldi, "no es una hora impuesta desde fuera la que se debe respetar para dormir, sino lo que dice el reloj interno".
Para el doctor Enrique Vicentini, neurólogo infantil de Clínica Santa María, el método de autorreportes es "más inexacto para realizar un estudio, porque refleja tendencias de opiniones entre los jóvenes, pero no da cuenta de los ritmos biológicos que son procesos complejos, que también involucran hormonas". Y advierte: "Si los jóvenes no se duermen a una hora adecuada no secretan, por ejemplo, hormona de crecimiento y pueden perder hasta 20% de su estatura".
También advierte que los adolescentes de hoy son "nativos digitales", es decir, "su lenguaje original es el digital audiovisual de las pantallas, a las que están expuestos desde los primeros meses de vida". A esto se suma la llamada "inercia atencional, en que al estar frente a la pantalla, la persona sigue mirándola".
Según el doctor Vicentini, si los adolescentes entraran más tarde a la escuela, llegarían igual trasnochados "porque buscan transgredir las normas. Por eso, más que ritmos biológicos, debemos controlar los ritmos culturales".